| Entre Ventanas: Una ciudad en Reflejos
Por: Verónica Molina
Al otro, a Borges, es a quien le ocurren las cosas. Yo camino por Buenos Aires y me demoro, acaso ya mecánicamente, para mirar el arco de un zaguán y la puerta cancel(…)
Jorge Luis Borges
El 19 de septiembre del presente año se inauguró en la Sala Arte Cámara Salitre de la Cámara de Comercio de Bogotá una exposición de fotografía realizada por Luis Tovar, estudiante de último semestre de Arte de la Universidad de los Andes. Se exhibieron 25 fotografías que dan cuenta de un ejercicio de lectura de la ciudad, en el que se resignifican espacios interiores y exteriores a través de una mirada crítica que da lugar a una reivindicación de algunos contrastes urbanos. ¿Artista uniandino? No, arquitecto, responde Tovar cuando le preguntan sobre su quehacer. Y es que este estudiante que cursó 6 semestres de Arquitectura y que está a punto terminar su carrera como artista, considera su exposición como un ejercicio arquitectónico en el que la luz, el espacio y la edificación de una ciudad, en complicidad con un espejo, se resignifican ante la mirada del espectador. Reivindicación y Reconocimiento en las fotografías Las fotografías que fueron tomadas en la plaza de San Victorino, en el barrio La Alameda, en San Victorino y en las ruinas de un colegio, dan cuenta de una mirada que busca encontrar aquello que por su afán de ser ignorado, ha sido olvidado. En el momento en el que los espectadores se acercaban a las fotografías reaccionaban con escepticismo -¿eso es una pintura? Preguntaban. Pareciera que su idea de ese espacio y de su valor no correspondía a la fotografía que tenían en frente. No era una fotografía tradicional que ante todo debía constatar la “realidad” de aquella zona deprimida, por ello tenía que ser una pintura. Una vez la persona se acercaba a la obra, se aclaraba la duda de la técnica usada: Es una fotografía, un espacio que está ahí. A pesar de que estos sectores y estos lugares parecieran estar condenados a las ruinas, en el trabajo de Tovar se abren como nuevos ámbitos de significación y edificación. El artista nos recuerda la potencialidad de construcción que hay en todo espacio e invita al espectador a centrarse en el valor de éste como posibilidad. Las fotografías unen dos espacialidades que se manifiestan como mutuamente excluyentes. Se articula en un espejo la ciudad en ruinas que siempre hemos querido olvidar y la ciudad-fachada, que con una cara amable nos quita la culpa de aquello que creemos olvidado. Es en esa articulación donde se rompe con dicha dualidad al capturarlas simultáneamente en el mismo espacio y en el mismo nivel. Allí es donde se da un reconocimiento de la ciudad en su totalidad. A partir de lo anterior cabe preguntarse ¿qué pasa cuando esa cotidianidad es sacada de su contexto, capturada en una fotografía y expuesta? Es como si aquello a lo que se refería Barthes (1990) cuando hablaba de lo connotativo y denotativo en la fotografía, dejaran de estar separados y se unieran para dar lugar a múltiples y nuevos sentido nuevo de ciudad, en los que no es suficiente hablar de lo otro, sino que también es necesario reivindicarlo. El espejo La presencia del espejo en el trabajo de Tovar está hablando de reflexión en el más amplio sentido de la palabra, por un lado, de aquella en la que la imagen se ve reflejada en el espejo, pero también ésa que obliga al espectador a reflexionar sobre estos espacios y a verlos de otra manera. Es en esta última en la que tiene lugar una trasformación, porque no se trata de un cambio del espacio, sino de un cambio en la manera de concebir la ciudad. Es preciso que se dé esta metamorfosis para poder dar lugar a la transfiguración material. ¿Fotografías?
Al hablar de las fotografías, es preciso retomar la confusión de la que se hablaba previamente cuando los espectadores las tomaban por pinturas. Y es que a simple vista esta confusión parece un engaño de la mirada pero, ¿qué pasa si esto no es un engaño? ¿Qué pasa si la fotografía y la pintura obedecen a ejercicios iguales? Sería como si pintar no fuera otro ejercicio que el de encontrar la luz y el espacio adecuados en una ciudad que nunca es una. En las imágenes, aquello que es reflejado en el espejo habla en su mayoría de objetos, lugares y naturaleza, elementos que inscritos en un contexto de ruina resaltan y resignifican la composición del espacio; instrumentos que al mismo tiempo que denuncian una realidad se prestan como herramientas para la construcción de otra cara de la ciudad. En su obra, Tovar habla de una ciudad de contrastes, no sólo el de la ruina y la edificación, sino también el de la luz y la penumbra, el de la naturaleza y el cemento, el de la multitud y la soledad, dando cuenta de los múltiples binarios de ciudad. Y de esta manera apela al espectador como constructor de realidades, en la medida en que muestra las múltiples facetas de la ciudad y la potencialidad del espacio, invitándolo a que cambie de pensamiento e incluya en su imaginario de ciudad aquello que se rehúsa a seguir siendo olvidado. Borges Jorge Luis, Páginas escogidas, Casa de las Américas, La Habana, 1988 Barthes Roland, La Cámara lúcida, Paidos, 1990
Estudiante de último semestre de Lenguajes y Estudios Socioculturales en la Universidad de Los Andes
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